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“No hay que tener miedo, son experiencias que te ayudan a vivir”

RELATOS / Economía Social

“No hay que tener miedo, son experiencias que te ayudan a vivir”

Luisa

Antes trabajaba en la calle. Tiene una discapacidad auditiva y pasó 37 años de su vida en la esquina de Santa Fe y Callao, vendiendo lo que hacía su hermana: “Calzoncillos, medias, bijouterie, anteojos y hasta escarapelas”. Hasta que el subsidio y la posibilidad de abrir su propio kiosco le cambiaron la vida. Era el año 2011. La llamaron para decirle que el local en la estación Uruguay del subte B estaba disponible. Se lo habían concedido por un programa de ayuda a personas con discapacidades. En el 2012 le dieron las llaves. “Compramos la heladera y la caramelera. En marzo de 2013 nos dieron el crédito del PROMUDEMI y con eso compramos la mercadería. De a poco nos fuimos armando”.

En el kiosco también trabaja su hijo, que se ocupa del trato con los proveedores, aunque todo lo hagan de acuerdo, cuenta Luisa. Para ella, el kiosco fue como sacarse la lotería: “Tengo trabajo y tiene trabajo mi hijo. Ya no paso frío en la calle ni tengo que andar corriendo en la lluvia. No gano millones pero tengo para comer y pagar mis cosas”. No poderse tomar vacaciones es un mal menor comparado con las ventajas que ve en ser emprendedora: “Si querés trabajar y progresar, tenés que luchar. Si sale mal, no hay que tener miedo, son experiencias que te ayudan a vivir. Así aprendés. Si tenés miedo para el negocio, no sirve. Salga mal o salga bien, hay que ir hacia adelante. Este tipo de apoyos ayuda a la gente a tener ganas de vivir. Tenés un trabajo que no depende de nadie”. Luisa se despide con un consejo para los que acceden a créditos y subsidios: “No lo gasten para otra cosa. Yo estuve todo un año con ese dinero pero no lo gastaba. Me privé de cosas porque era para mi trabajo y para mi hijo. Esa plata es para el trabajo y para el futuro. Tenés que decirte que no la tenés. Esperar a que te llegue la llave y ahí lo logras”.