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Identidad y etiquetas

RELATOS / Situación de Calle

Equipo Hogar Albisetti

Las personas que se encuentran en situación de calle reciben, perciben y/o asumen un sinfín de denominaciones y títulos con los que suelen identificarse o rechazar: De la calle, vago, indigente, crónico, linyera, croto, roto, quebrado, deambulante, ciruja, marginales, nuevos pobres, sin techo, asistidos, huéspedes, tumberos, beneficiarios, adictos, borrachos, homeless, desamparados, chapitas son algunas de las denominaciones que reciben o autoproclaman. Presentación de títulos o nominaciones ante la pérdida frecuente de papeles habilitantes. ¿Una cuestión de identidad? Resulta frecuente para aquellos que encuentran hospedaje en la calle la pérdida, el robo, hurto o venta de documentos de su identidad. Hay quienes, por ejemplo, los tramitaron en más de dos docenas de oportunidades. Más allá de lo proclive de la situación a la desaparición de sus DNI, llama la atención la falta de cuidado por sus pertenencias en general. Las pertenencias oscilan, se necesitan y se abandonan con la misma frecuencia e intensidad. Las pertenencias, estando en situación de calle, cobran otro status. Quizás hasta la propiedad de un nombre pase a un segundo plano al atravesar esta situación.

Ser de la calle

Algunas de las personas que transitan o se encuentran atrapados en esta situación se identifican con “ser de la calle”. Se apropian de esta identidad valorándola positivamente.

Nos preguntamos ¿qué se valora de la calle, o qué se rechaza de otros lugares?. La libertad suele ser un argumento manifestado en algunas ocasiones. Sin embargo en la calle estás más atado que nunca. Dependés en extremo de los otros, para comer, para vestirte, para bañarte. Dependés de otros para contar con una cama o un techo. ¿Tener un techo implicaría entonces perder la libertad? Cualquier techo conlleva la aceptación de normas y reglas. Tal vez entonces, tener un techo implica el rechazo de lo establecido, de lo normativizado, de lo reglado, de los horarios, de aquellas convenciones sociales expulsivas para muchos y exclusivas para otros.

Ser de la calle es asumido por quienes necesitan de ser para sobrevivir, ser de la calle para no ser de otro lugar, ¿Ser de la calle como rechazo de ser de la casa? ¿Cómo rechazo de ser de la oficina?

Ser de la calle como representación que agrupa, que otorga una entidad solo accesible para aquellos que son y/o permanecieron en ese territorio que les es propio, de nadie más que de ellos, los de la calle.

Ahora bien, ¿Qué representa ser de la calle? Ser de la calle agrupa una multiplicidad de significaciones: saber sobrevivir, saber sufrir, bancársela (no cualquiera vive 20 años en la calle). Los que están enfrente, en otro lugar, seguro que no lo lograrían. Se trata de un nombre que aglutina valores extremos de una sociedad. En la calle todo resulta extremo, valores como la solidaridad y el compañerismo se extreman. El individualismo y la miseria también. Todo resulta extremo, la soledad y el aislamiento, la locura y el conocimiento. Los grises no existen, el gris es cagón.

Los códigos que manejan las PSC establecen en muchas oportunidades distancias inalcanzables, o sos del palo o sos un gil. Ser del palo es ranchar, compartir un vino, mejorar día a día estrategias de supervivencia, muchas veces a través de la mentira, mentira enquistada en un discurso que imposibilita el accionar de otras posibilidades.

De esta manera, por ejemplo, mientras que algunos sostienen estar cansados de la queja frecuente, muchos otros se quejan casi permanentemente de la sociedad, de la discriminación, de las miradas, de los gobiernos. No carece de veracidad el contenido de la queja, sin embargo, el reproche o la queja como funcionamiento sistemático libera, a quien la lleva delante, de toda responsabilidad por la situación en la que se encuentra. Resulta lógico y comprensible este funcionar en tanto que confrontar con las propias limitaciones, errores y/o frustraciones genera mucho dolor y sufrimiento. Aspectos estos últimos que, en el imaginario individual, resultaría casi imposible sobrellevar teniendo en cuenta el momento caracterizado por la urgencia y la vulnerabilidad. De esta misma forma, quienes escapan de sí mismos poniendo todo afuera, reclaman que las soluciones o resoluciones de su situación social vengan también de afuera. Frente a este aspecto, consideramos necesario confrontar esta ilusión. No existen soluciones mágicas, y en un sinfín de oportunidades las soluciones o recetas brindadas desde afuera resultan insostenibles para el receptor de la mencionada receta.

Crónico

Existe un importante sector de trabajadores que atienden a las PSC que se refieren a aquellos que se mantienen en la calle como crónicos. Según esta mirada los crónicos son quienes quedaron atrapados en el “circuito” de la calle y permanecen en ese lugar sin mayores oportunidades de salir de este estado.

Consideramos que al denominar a otro como crónico estamos dejándolo de tomar como alguien con dificultades temporarias, aunque esta temporalidad se refiera a meses o años. La palabra crónico de por sí ya indica una postura. Al poner palabras al otro lo ubicas detrás del mostrador, lo detenés. Quizás con la intención de ayudarlo, se controla, se aleja y se señala una distancia entre el que puede y el que no. Esto no permite propiciar alternativas de acceso a un estado de cambio y posible mejoría.

De alguna manera se infiere que esa persona, por el hecho de permanecer durante determinado tiempo en el mismo estado, encuentra placer o comodidad en ese lugar, como si decidiera quedarse ahí: “si está en ese lugar y de esa manera es porque quiere” o “porque se lo buscó” o “porque no hace nada para cambiar”.

En este sentido el desafío resulta intentar entender al otro como una persona que está particularmente hoy en día con este problema, o estos años con estos problemas.

De no superar este desafío no nos permitimos enterarnos, ni acercarnos y mucho menos involucrarnos en tantas otras cosas que le pasan al que está enfrente.

Entendiendo y acompañando en lugar de estigmatizar y alejar, nos ayuda a reflexionar que de estar cómodos se encuentran tan cómodos como todos. Cada uno en sus rutinas que no puede modificar o que no puede enfrentar y que resultan perjudiciales. En este sentido todos somos crónicos y a todos nos cuesta salir de algunos encierros, reiteraciones que nos confunden y lastiman.