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Como que tenés una patente de indigente

RELATOS / Situación de Calle

Marcelo

conversaciones con Pablo Rey y Carlos Iglesias

Nací acá en Capital Federal. Siempre viví con mi familia o viví solo, pero no me casé, no tuve hijos nada. Vivía con mi abuela, una hermana y una sobrina. Trabajaba en fábricas o de lo que podía, o hacía cosas por mi cuenta. A veces tenía períodos, bueno que no laburaba, pero bueno, porque tenía cualquier cosa a mi abuela o mi hermana que me ayudaban. Después mi hermana con mi sobrina se fueron a vivir solas. Mi abuela falleció y la casa era como a préstamo (…) cuando mi abuela ya no estaba me pidieron la casa y me tuve que ir. Y ahí fue donde estuve, empecé a estar, por primera vez en la calle.

Yo venía de un periodo bastante duro, porque en el lapso de más o menos tres años falleció mi tío, mi papá, mi mamá, mi abuela, y bueno venia muy golpeado por todo eso. Y estar en la calle fue como…, o sea fue jodido, pero a su vez fue como una especie, como de mini vacaciones. Porque ya no tenía ninguna responsabilidad, no tenía que cumplir horarios, no tenía que estar atento a alguien que necesitaba buscar dadores de sangre, por ahí para una operación de urgencia.

O conseguir remedios, o tener que ocuparme por ejemplo de mi mamá. Ayudarla porque estaba sola. Así que bueno fue como, yo lo tomé como que me fui de campamento. En realidad. Pero estaba en la calle.

En un colegio de adultos acá en capital, terminé el secundario en el noventa y siete y en el noventa y ocho hice el ingreso para el CBC. Yo me había anotado en una carrera que era en ciencias exactas, analista de sistemas, pero bueno me fue mal, porque yo claro venia de comercial, no tenia formación de algebra todo eso. Me hicieron pelota, aprobé solamente sociedad y estado.

Yo cuando entre en el Socorro ya había conseguido un laburo que era de limpieza. Una empresa que hacia la limpieza de donde estaba la cancillería en reconquista y rojas. Cuando salía del colegio me iba a comer algo y me dormía en la plaza San Martin. A la mañana me levantaba y me iba a laburar en la cancillería. Y bueno estando en el hogar, ellos a mí en ese momento me permitieron estar un poco más, porque bueno, porque estudiaba, porque trabajaba. Hasta que me dijeron bueno no podes estar más, me consiguieron un hotel a bajo precio, una cama, y ahí pasé a vivir a un hotel en Suipacha entre sarmiento y corrientes. Y al poco tiempo que salgo de ahí me quedo sin laburo. Bueno me costó un huevo volver a conseguir algo. (…) Conseguí entrar en la empresa de vigilancia, ahí me recupere. Hasta que un día no sé, un fin de semana largo, me agarró como una especie de nostalgia, de melancolía, de depresión grande me fui y al poco tiempo bueno volví a la calle de vuelta. Después vuelvo a enganchar un hogar pero ya del gobierno de la ciudad el Félix Lora. Vuelvo a enganchar laburo y al poco tiempo me voy cobro el primer sueldo y me voy a un hotel. Ahí estuve también dos años dos años y pico y unos días antes que estallara todo el quilombo de De La Rúa, también vuelvo a quedar en la calle.

La calle, por ahí lo que tiene es que una vez que vos le encontrás la vuelta a muchas cosas, es como si vivieras en una casa prácticamente. Porque vos te acostumbras a aprovisionarte de todo lo que necesitás. Encontrás amigos, encontrás gente con la que podes pensar, con la que podes conversar… de pronto no se quizás tenés problemas, como hoy que decís ¿Dónde me meto cuando llueve a la noche o durante el día? No sé ¿Dónde puedo conseguir cartones? No sé ¿dónde puedo conseguir unas mantas? A veces esas cosas se complican o ¿Dónde me baño, donde lavo la ropa, donde la tiendo para secar? Te ven con el carro, con los bolsos y ya es como que tenés una chapa, una patente o un cartel de indigente, o de la calle o algo de la calle. Y eso por ahí te pone restricciones, por ejemplo por ahí no podes usar un baño, o por ahí ya cuando entras a un lugar y te sentás pedís un café o alguna cosa, ya medio que te están mirando. Están los mozos cerca para que no te escapes porque por ahí te vas a escapar. Tiene complicaciones por ese lado, o las desconfianzas, hay otra serie de complicaciones que por ahí resignen la libertad tuya o la dignidad tuya.

En general hay como un problema grande muy profundo de carencias afectivas. (…) Yo tenía tres años y yo todavía me acuerdo mi mamá y mi papá se peleaban se fajaban, se cagaban a palos. Todavía tengo las imágenes de verlos. Las sombras de mis viejos cagandose a palos, el uno al otro. Y después que mi papá y mi mamá no eran muy afectivos. Mi mamá nos quería mucho, nos amaban a nosotros. Mi mamá especialmente. Pero no tenían esa cosa de afectividad con los hijos, había mucha frialdad. Y yo cuando hablo con mucha gente también que está en la calle, veo que le ha pasado lo mismo también ha tenido eso.

Pero a su vez tiene cosas que son muy gratificantes, vos encontrás en la calle gente muy leal, muy sincera. Yo de pronto decía a veces, si estuviera por ejemplo trabajando no podría estar haciendo lo que hago los lunes. No podría por ahí venir a acá a cantar los sábados. No se, hay toda una serie de cosas que por ahí serian distintas o no se darían nunca.

De todo lo que vi hasta ahora, a pesar de todas las contras que tiene la calle, yo lo siento como mi lugar, y muy a pesar de todo lo doloroso, de las cosas criticas que ves, de las cosas terribles que ves a veces o te enteras a veces, la calle también tiene mucha libertad, tiene mucha libertad y esa libertad yo no la encontré en ningún lado.

No me imagino nada. Ya no pienso nada. O sea no hago ningún plan, las cosas se van dando y acepto o rechazo. (…) yo tengo la sensación que esta vez me quedo para siempre en la calle, que no voy a salir.

Para citar:
RELATOS / Situación de Calle, conversaciones realizadas por Pablo Rey y Carlos Iglesias
Rumbo Sur, Buenos Aires 2012