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Mucho aprendizaje, mucho sufrimiento

RELATOS / Situación de Calle

Uruguayo

conversaciones con Pablo Rey y Carlos Iglesias

Tengo cincuenta y ocho años, nací en Montevideo. Mi familia… es bastante caótico nombrar en este momento el tema de la familia, yo fui criado por todos los tíos, tuve mi madrina que paso a ser mi mamá y bueno yo no era una buena oveja… era bastante difícil. En lo referente a mi niñez, poco y nada. Porque me faltaba todo y mi pobre madrina, mi mamá no me podía dar todo. Así que y bueno en una de las pocas de las veces que aprendí lo que se llamaba robar, era cuando era chico(…) pero eso bueno ya está. Eso lo voy a dejar ahí, porque si no me trae cosas que después con esta diabetes que llevo arriba y todo lo demás me caen mal.

Acá vine, ya vine con una esposa estuvimos conviviendo mucho tiempo… después trabaje en construcción, hice varias cosas, después de eso tuvimos la separación. Me junté por segunda vez con una mujer argentina. Laburé, me emperré, hice las cosas bien y cuando tenía ya todo completo en el rancho como se dice tuvimos una discusión y me tuve que ir de mi casa. Y a raíz de ahí que decidí bueno se terminó esto no va mas y yo me dije, acá la calle.

El primer día en que me fui de la casa de mi pareja (…), yo vivía en Mozart y directorio y ahí a dos cuadras hay un parque que no me puedo acordar el nombre ahora, ni me quiero acordar y me acosté a dormir abajo de un árbol. Y bueno a partir de ahí me tiré a la calle definitivamente, encontré un lugar en Pasco y Belgrano. En la puerta principal de la iglesia Santa Rosa. Recalé doce años ahí. Yo era el capo máximo que mandaba ahí. Éramos más o menos alrededor de ocho personas que vivíamos ahí. El que quería yo se quedaba y el que no se tenía que ir. Hasta ahora están viviendo ahí.

Fueron doce años de mucho aprendizaje, de mucho sufrimiento y a veces recaía mucho en mí el tema de todo lo que había abandonado ¿no? Por lo que me había costado. Pero era más tema de orgullo no volver, que un tema de decir bueno dejo todo y vuelvo, y agacho la cabeza. Era más bien de orgullo saberme que la gente que estaba conmigo me consideraba una persona… para ellos era algo así como un jefe, que si iban a hacer algo venían a consultarme. Si iban a comprar diez vinos me iban a consultar. O sea que yo me sentía bien ahí, porque sucedía que la gente que estaba conmigo apreciaba mucho las ideas que yo tenía.

Yo no sé si en aquel momento pensé en terminar acá. Pensé en disfrutarlo pongámosle ¿no? Drogas, alcohol, mujeres toda la historia. Porque yo tenía una doble vida. En el día estaba todo el día cirujeando rompiendo las bolas y de noche yo me iba a bailar. Llegué a conocer muy buenas mujeres. Llegué a conocer pero no daban con lo que yo necesitaba en ese momento. Una sola se llego a enterar y bien, hasta ahora nos encontramos se mata de risa cuando me ve, porque ella me vio durmiendo ahí. Un día yo estaba enfermo y llegó a llevarme comida, medicamento y todo lo demás. Hasta ahora nos vemos y se mata de la risa no porque no puede… me dice que no puede entender como siendo tan inteligente y audaz no traté de salir antes.

Hoy estoy en un hotel pago por el gobierno y tengo los dedos cortados del pie izquierdo, tengo diabetes y estoy quedando casi ciego. Entonces casi es como que esto ya vendría a ser lo último de lo último. Pero sigo concordando con la gente de la calle igual, yo cada cinco seis días no puedo estar si no los veo a los vagos.

Mi hija tiene veinticuatro años. Con el Cristian tenemos una relación muy, pero muy de padre a hijo. Y bueno la chica estuvo con la madre hasta hace siete años atrás. Tengo una anécdota con ella: (…) un día voy a Liniers a un baile que se llamaba Meteoro y veo bajar un montón de chicas de una camioneta y en ese montón de chicas de la camioneta bajaba mi hija. Resulta que no me quería estudiar, no quería hacer nada y andaba detrás del grupo Reed ese famoso. Bueno hubo problema tenía el pelo largo, la agarre del pelo la lleve para casa, empezamos hablar con la madre tuvimos casi veinticuatro horas charlando porque eso no podía ser, porque yo no quería que mi hija fuera una prostituta de la calle. O sea, uno mira para el lado de uno, quiere lo mejor, pero del otro lado a veces hasta gusta ¿no? de todo esto. Y bueno entonces… habían aparecido recién las computadoras y ella me dijo que quería estudiar eso. Y me salía mil doscientos pesos la computadora. Me acuerdo que tuve que hacer unas cositas raras para poder comprársela. Y le dije: donde no estudies te la pongo de sombrero. Hoy estoy orgulloso, hoy tiene un hijo de dos años, está radicada en Canadá está trabajando en una empresa creo que es Toshiba, está muy bien, y estudió eso y yo nunca pensé que iba a llegar a eso. (..) Yo los crié, ellos tienen su vida propia, yo no me meto, ni salgo, ni entro de su vida, que es diferente a la madre. La madre entra y sale, es un problema de ellos. Yo no, yo los crié para que ellos… tengan su propia identidad y que tengan su propia vida. Entonces no hay lugar a que ellos se metan en lo mío. Si pueden hablar… nos hemos sentado a hablar y yo creo que por lo menos el varón lo ha comprendido perfectamente, la nena le ha costado más.

Al futuro… me lo imaginaba que iba a tener una casa con mujer, hijos, iba a laburar, porque eso fue el ejemplo que me dieron mi familia. Ahora después de grande, me doy cuenta que fui un tarado. Que aprendí muchas cosas en la calle y viví mucho en la calle, pero antes le decíamos giles a los que se casaban y tenían hijos y tenían una casa. Los vivos éramos nosotros. Y hoy quisiera ser un gil yo. Tener una familia, tener una casa constituida y poder haber albergado en mi algo más, pero bueno. No fue así, yo elegí mi vida y la culpa no la tiene nadie”.

 

Para citar:
RELATOS / Situación de Calle, conversaciones realizadas por Pablo Rey y Carlos Iglesias
otredades.org
Rumbo Sur, Buenos Aires 2010