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“Saber que lo hiciste hasta lo último y que lo intentaste”

RELATOS / Economía Social

“Saber que lo hiciste hasta lo último y que lo intentaste”

Aldo

Electricista domiciliario. Esa es la carta de presentación de un hombre que trabajó en la industria metalúrgica durante 20 años y que cuando decidió empezar un nuevo camino se quedó sin nada. Hasta que en abril de 2012 recibió una beca de estudios. “Estaba desocupado. Para un hombre grande es muy difícil conseguir trabajo en relación de dependencia. Los cursos me dieron la posibilidad de pensar una salida laboral individual, vivir dignamente y tener trabajo”. Aldo recuerda las noches dormidas en hoteles de paso, en la casa de su hermana en Longchamp y, cuando no le quedaba mas remedio, en la calle. “No estaba convencido de pedir ayuda. No era una cuestión de orgullo: era una cuestión de pudor”. Vencer esa barrera valió la pena.

“Los capacitadores y las chicas del programa siempre me incentivaron a crecer. En un momento determinado creí, supe, que estaba capacitado para hacerlo. Este tipo de cursos te permite profundizar en el aprendizaje y llegar a la autogestión, te abre perspectivas laborales importantes. Lo otro que te da es para mejorar la calidad de vida”. Los cursos son teóricos y prácticos, pero Aldo ya quería adquirir experiencia real. A fines de 2012 comenzó sus primeros trabajos y para fin de año ya tenía el subsidio del programa FIT. “Con ese dinero compré mis herramientas. Durante 2013 me dediqué más de lleno, con más conocimientos, y empecé a realizar otro tipo de trabajos, más especializados y en equipo con electricistas matriculados”. ¿Qué le diría a los que empiezan ahora? “Que se puede. Que no te lo van a regalar. Que no es fácil, pero que siempre te va a quedar saber que lo hiciste hasta lo último y que lo intentaste”. De forma paralela, Aldo trabaja hoy en un taller limpiando y desengrasando máquinas. “Me gustaría ser electricista las 24 horas y los 365 días del año. Pero todavía falta para eso”.