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La locura de la calle – Equipo Albisetti

RELATOS / Situación de Calle

La locura de la calle

Equipo Hogar Albisetti 

¿Para qué volver a aquello de lo cual se fueron? Si en un momento determinado de la vida una persona necesita alejarse de sus seres queridos, sea para pensar, sea para reflexionar, superar una situación crítica dada, o para lo que fuere, bienvenido sea. El riesgo frente a esta alternativa es que el medio se convierta en el fin. Esto significa que, en tanto retirarse para alejarse de una situación desestabilizadora, se convierta en acceder a la costumbre ante una situación de calle. Con el paulatino transcurrir del tiempo la situación anterior deja de estar presente como problema y la situación actual pasa a convertirse en lo urgente y lo importante al mismo tiempo. En este sentido las prioridades anteriores se confunden frente a la realidad actual, realidad que pasa a convertirse en lo único presente, los objetivos anteriores desaparecen y se esfuman lentamente por medio de postergaciones permanentes, al tiempo que las urgencias cotidianas de comida y techo invaden el pensamiento y la realidad de cada uno. Dónde comer hoy, dónde dormir, conseguir monedas para viajar, caminar 80 cuadras diarias, hablar con el asistente social para contarle lo que hace un mes le conté al psicólogo y lo que hace unos días le conté por vigésima vez a la voluntaria se convierte en la preocupación central en lo cotidiano de cada uno y suple aquello que debería estar haciendo. A veces este comportamiento funciona como excusa, otras como realidad, y en la mayoría de las situaciones como impronta que detiene y “te tiene”.

La locura de la calle está dada por lo incomprensible de una multiplicidad de situaciones. ¿Refugiarse en la calle para pensar? ¿Condenarse a la situación de calle como forma de castigo? ¿Transitar situaciones que marcan estando en la calle? ¿Y marcas que te dejan huellas por y para siempre? ¿Soportar maltratos, destratos y humillaciones frecuentes y cotidianas y aún así perseverar en la calle? ¿Sistematizar estrategias de todo tipo y estilo para sobrevivir en la calle? Las preguntas se repiten y los cuestionamientos renovados pueden plantearse. Sin embargo, la complejidad de esta problemática no puede resumirse a intentos de comprensión mecánica, voluntarista y unidireccional. Se accede a esta situación por diferentes caminos, desde accidentes personales hasta situaciones de crisis vitales. El universo de acceso es ilimitado, sin embargo la capacidad de tolerancia en esta situación cuenta con límites por demás. La calle deteriora, abandona, mata. La calle, a veces, como espera de un rescate que jamás vendrá. La calle como ilusión de impermeabilidad sensible frente a pasados que persiguen. ¿Se busca en la calle una salvación sanadora? Incoherencia cognitiva que cuenta las dificultades de los sentimientos encerrados y cercenados. Porque la calle es encierro, y el encierro promueve la esperanza de una salida.

Las PSC se aferran a un hogar de tránsito, que no es un hogar, a una idealizada relación con otros desconocidos que rápidamente se convierten en amigos o familia, a un trabajador social o voluntario que está con ellos dos horas por semana. Es la búsqueda de una esperanza? Es la forma de continuar atrapado? La situación de calle propicia este tipo de pensamientos e ideas, también ideaciones en las que se manifiesta un deseo incontrolable por recuperar lo perdido, por volver a lo anterior. Quizás desde una nueva valoración de aquello que ya no está y con la ilusión que dicta que lo que ahora no se tiene es aquello que hay que recuperar. Pero si lo dejaron y eligieron este camino -siempre pensando esto como una elección- ¿por qué volver? La respuesta puede resultar obvia, se trata de lo que se vive hoy. Las consecuencias de largar todo en un momento dado no son nunca anticipadas. El registro y la toma de conciencia de estas consecuencias solo son asumidas en tanto las PSC atraviesan esta situación. Y aún ante las consecuencias citadas, muchos de quienes se encuentran viviendo en la calle, no logran replantearse seriamente un regreso a la situación anterior. Es cierto que a pesar de que muchos plantean volver con sus familias o recuperar sus trabajos, las acciones que llevan adelante en este momento indican un camino totalmente opuesto al planteado desde su discurso.

Y en este punto se plantea una doble vertiente de la problemática sobre la que nos cuestionamos y reflexionamos, por un lado lo incoherente del devenir de quienes transitan esta situación: “rearmar su vida, conseguir un nuevo trabajo, reconstruir sus familias, etc.” Situaciones todas socialmente aceptadas y esperables de ser escuchadas, seguramente manifestadas desde la convicción de quien las emite. La realidad culmina por demostrar que en un sinnúmero de ocasiones, quien llevara a cabo este discurso, no lo ha sostenido con sus acciones. ¿Se trata de un engaño? ¿Mienten? ¿Se mienten? ¿Estafan? Preguntas moralizantes que calman infinitamente a quien hubiera escuchado el discurso del deambulante. A esta altura, ya se convirtió en uno de ellos. Resta preguntarse ¿quién es el conversor?

La otra vertiente relacionada con la problemática de las personas que viven y/o transitan por la situación de calle alude a la responsabilidad social y profesional de quienes ocupan el lugar de asistentes de las PSC, sean estos trabajadores sociales, psicólogos, psiquiatras, voluntarios, curas, secretarias, porteros, cocineros, encargados, etc. En términos generales en todos y cada uno de ellos existe una expectativa depositada sobre la persona que recurre por algún tipo de asistencia. Parte de la locura de la calle encuentra una explicación en la necesidad –tal vez obligación- de quien está en esta situación de responder a las expectativas depositadas sobre sí. Porque la persona que se acerca a una institución en busca de refugio, comida o vestimenta, sabe que se topará con un portero, luego con un encargado, después con un coordinador/a de la institución, luego quizás con un trabajador social, un psicólogo, un psiquiatra, un voluntario, y otro y otro. De parte de cada uno de ellos recibirá un discurso que se anticipa como aleccionador, porque cada uno considera –explícita o implícitamente- saber el origen y las causas de sus males. Frente a esta realidad, la persona que recurre por ayuda, sistematiza un discurso que considera será del beneplácito de sus interlocutores. Quizás discurso organizado hace ya tiempo, quizás armado de un momento a otro. ¿Obligación ocultadora? ¿Excusa de excusarse? ¿Mentiras que promueven un alejamiento del conflicto real? ¿Seducción como estrategia frente a la necesidad? ¿Necesidad de acercamiento frente a otro, el salvador, el que castiga, el que censura, el que ayuda, el que escucha, el que quiere, el que tiene, el otro?

La locura de la calle, en este sentido, reside en la impostación de soluciones recetadas y encorsetadas. Locura también en tanto, por lo menos desde el discurso, estas soluciones son atendidas y aceptadas. En todo caso, bienvenida sea la mentira como recurso de escape, como resistencia ante la obligación de aceptar para poder cubrir la necesidad solicitada.

“Si a Caritas –Estado, Iglesia, ONG- le sacas un pobre te hacen juicio”. ¿Certeza de quien denuncia lo perverso de un sistema que se alimenta a sí mismo? ¿Funcionamiento autoinmune que promueve el estancamiento, tal vez el aislamiento perpetuo? ¿Afirmación que destaca la impotencia individual y/o la impotencia del asistente, de los encargados de ayudar, de los programas de ayuda, de las instituciones? Tal vez, afirmación de una realidad que promueve el adormecimiento de quien ya está cansado, o como anestesia frente a un dolor, muchos. Acaso se trata de la búsqueda de una explicación y nada más. Nada menos.